El desarrollo de los niños es muy importante en diferentes aspectos, tanto físicos como mentales, y debemos trabajar todas las áreas para conseguir un crecimiento sano y completo. Desde que son pequeños, en sus casas, ya comienzan a explorar el mundo y a interactuar con él.
Pero hoy queremos hablar de fomentar la psicomotricidad en el ámbito educacional, ya que el aula es un espacio de trabajo perfecto para ellos. Si quieres acercarte más a este sector, puedes pensar en estudiar un FP de Educación Infantil para labrarte una carrera con los más pequeños.
Qué es la psicomotricidad
Lo primero que vamos a hacer es conocer un poco más sobre este concepto. Aunque existan varias definiciones, la psicóloga infantil y especialista en psicomotricidad Laia Delriu lo plasma así por escrito: «la capacidad que tenemos los seres humanos para generar un movimiento para nosotros mismos«.
Para los adultos puede parecer una acción sencilla, pero debes tener en cuenta todas las fases que componen estos movimientos: sincronización entre varios sistemas, coordinación entre la vista y el movimiento, la orden correcta por parte del cerebro… Y los niños deben ‘entrenar’ esta habilidad para un mejor desarrollo motriz, cognitivo, comunicativo y afectivo.
Psicomotricidad fina
Esta engloba aquellos movimientos que implican una mayor precisión y un control motor más adecuado. Aquí, por ejemplo, hay una gran influencia de los posibles problemas de visión que pueda tener un niño, ya que hay mucha conexión ojo-mano. Por poner algún ejemplo, puede tratarse de abrocharse los botones de un jersey, cepillarse los dientes o comer correctamente.
Psicomotricidad gruesa
En el caso de la psicomotricidad gruesa, hablamos de actividades que suponen el control total del cuerpo. Aquí es muy importante el reconocimiento espacial y la autoconcepción, ya que se relacionarán con el espacio y los objetos de su alrededor. También es clave la coordinación de las diferentes extremidades.
4 formas de fomentar la psicomotricidad
Hacer manualidades
Las manualidades son una forma ideal de trabajar la psicomotricidad fina, ya sea crear figuras con plastilina, arena o arcilla; pintar con los dedos o recortar papeles. Según la edad de los niños, podemos amasar ingredientes de una receta o crear pequeñas pulseras con hilos y cuentas de colores.
Juegos con las manos
También podemos ayudar a la psicomotricidad fina de un niño con cualquier juego en el que tenga que utilizar las manos. Por poner un ejemplo, podríamos utilizar una pinza pequeña para recoger piezas pequeñas de una bandeja y pasarlas a otra bandeja, incluso creando formas con ellas.
Juegos físicos
En cuanto a la motricidad gruesa, prácticamente cualquier actividad física ayudará a los niños a mejorar. Correr, saltar, subir escaleras, hacer una carrera de obstáculos… Crea una gymkhana o acércate a un parque infantil que esté equipado con varios elementos y podrás hacer que los niños trabajen su psicomotricidad mientras juegan.
Actividades en el agua
Por último, si ya ha llegado la época de calor y tienes a tu disposición alguna piscina pequeña, los juegos en el agua son perfectos para esta motricidad gruesa. Revisa siempre la seguridad para que no haya ningún percance, ¡y ellos lo pasarán genial!

Licenciado en Ciencias Biológicas con más de 30 años de experiencia en educación como docente en el Centro de formación ACN y creador de Blogs educativos: educapeques.com, educayaprende.com, escuelaenlanube.com, docenciaparalaformacionenelempleo.es. Actualmente imparto cursos de formación profesional en la Academia de Valdepeñas